[Crónica] Kool & The Gang en el Gran Teatre del Liceu: La máquina del tiempo

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Sorprendidos estuvimos al leer que el enorme grupo que llenó de hits la música disco de los 70 y los 80 iba a poner patas arriba el templo de la ópera de la Ciudad Condal, un lugar aparentemente no demasiado idóneo para ellos, no por el glamour y el público que reúnen en directo, sino por la idiosincrasia del recinto, mucho más destinado a la escucha y el deleite que para el baile.

No obstante, con una puntualidad bastante remarcable, el conjunto estadounidense salía a escena con la gran presencia escénica que te dan 11 hombres afroamericanos bailando coordinados al ritmo de la música, mientras recogen sus instrumentos para arrancar con Tonight, uno de sus éxitos de los ochenta, una gran elección para empezar un concierto con la mayor potencia posible, un temazo de funk y rock.

Los conciertos de los de Nueva Jersey, con cualquiera de la gran cantidad de miembros que han pasado por sus filas, son sin duda una fiesta. Esto se puede ver desde el primer momento, con Fresh, Too Hot o cuando relajan el tempo con canciones como la muy laureada Joanna. Kool & The Gang viven en los 70’s, en las pistas de baile, viven conjuntados y bailando mientras dominan sus instrumentos de forma demoledora.

Con esta capacidad para animar nuestros cuerpos era imposible que un recinto, que pese a que invite a estar sentado, se les resistiera. El público bailó, cantó y respondió de forma favorable a sus canciones y sus dinámicas desde el primer instante, hasta de personas en palcos vip, hombres con traje, mujeres con joyas y alguno en el gallinero que hasta se permitió sacarse la camiseta. Todo esto habla de la capacidad de la banda de funk para montar un buen directo.

Canciones como Funky Stuff o Jungle Boogie daban el paso al ecuador del concierto, en el que, de momento, era un setlist perfecto, medido y que había pasado en un suspiro. Algún solo impresionante de saxo o guitarra ya había llegado y ellos seguían tan enchufados como siempre. A partir de ese momento, y con canciones como Summer Madness, Cherish o Let’s Go Dancin’, el concierto se empezó a hacer un poco pesado, y no por la calidad de las canciones, que estaba por encima de la media, sino por la decisión de ir encadenando solos, instrumentales y momentos estelares de cada músico de la banda, que, pese a dar a todo el mundo su momento de gloria, hizo que el entretenimiento de calidad que nos estaban proporcionando sufriese unos momentos de bajón, aunque lo de usar dos bajos fue realmente funky.

Después de ese momento, todo fue compensado por el que se esperaba y fue lo mejor de la noche, el final, con Sexy, la increíblemente popular Ladies Night y el hit Get Down On It, una pasada en directo. Sin descanso, el baterista mantenía la atención con un buen solo, para dar paso a la canción más esperada de la noche, Celebration. Probablemente, una de las mejores canciones finales que he visto en un concierto, una de esas que consiguen que llegues a casa cantando y bailando, de buen humor.

En definitiva, una fiesta de concierto, un show más que correcto y para nada olvidable que te alegra una velada y te transporta al pasado, lo vivieras o no, y eso solo puede ser bueno. Lo único a decir es que el recinto no es el mejor lugar para ver a un conjunto de estas características, pese a que agradezco que se apoye a este tipo de recintos para hacer cosas diferentes.

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