[REVIEW] ‘WASTELAND, BABY!’, DE HOZIER

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Después de casi cinco años desde que Andrew Hozier-Byrne lanzase su último disco, (Hozier) el artista irlandés ha vuelto a la carga con su nuevo álbum Wasteland, baby!, publicado el 1 de marzo de este año. Con él ha conseguido posicionarse en el número uno de Billboard 200 chart, algo que ha sorprendido genuinamente tanto al artista como a sus fans.

Wasteland, Baby! ha recibido diversas críticas durante las últimas semanas; para unos es el mejor trabajo de Hozier hasta la fecha, mientras que otros consideran que el cantante no ha sabido tocarles como lo hizo con Take me to church, la canción estrella de su primer disco. Sin embargo, todos están de acuerdo en que esta obra combina los diferentes estilos musicales de los que se ha nutrido el artista de manera bastante aceptable.

Las 14 canciones que componen el disco hablan sobre la destrucción en todas sus formas, algo que aprovecha el artista para lanzar una crítica social masiva. Hozier ha conseguido con esa voz tan profunda y calmada que lo caracteriza que sintamos el apocalipsis al escuchar cada una de las piezas del álbum. A pesar del ritmo de muchas de ellas, las letras son tremendamente existencialistas y en la mayoría subyace no sólo el tema de la mortalidad humana sino también una ácida crítica social hacia los tiempos que estamos viviendo. Sin embargo, dista de ser un disco pesimista pues leyendo entre líneas podemos ver un mensaje esperanzador, un atisbo de luz entre un mar de tinieblas.

El tema que abre el álbum es Nina cried power, una canción muy potente que se hizo pública en la EP lanzada por Hozier en septiembre de 2018 y que dejó a toda su audiencia con ganas de más. En ella, mediante la mención a figuras que no sólo sobresalieron en el mundo de la música sino también en el activismo político y social, como Nina Simone, Billie Holliday, Mavis Staples o John Lennon, el artista nos impulsa a luchar por cambiar un mundo sumido en una crisis moral deprimente. A partir de este tema surge Almost (sweet music), una canción que rinde tributo a los clásicos del Jazz jugando con los títulos de sus obras más famosas y que insinúa que los grandes músicos nunca mueren.

Sin embargo, la mayoría de las canciones del disco hablan de la destrucción no desde el punto de vista físico como las anteriores, que estaban relacionadas con la muerte, si no desde una perspectiva emocional: el amor. Esto se refleja en temas como Nobody, Shrike, Would that I, Be o Wasteland, Baby!, en los que compara las rupturas o el enamoramiento con una catástrofe natural que nos descoloca por dentro. De hecho, en Be habla de cómo el amor es un acto inmensamente radical en un mundo despojado de sentimientos y lo confuso que esto puede resultar para quienes lo experimentan, pues tienen que atreverse a ir a contracorriente. Lo brillante de estas canciones es que, a pesar de la nostalgia que podemos sentir al conectar con ellas, no contemplan esas situaciones como algo negativo sino más bien todo lo contrario; Hozier quiere hacernos ver que después de la tormenta viene la calma, que el final de una etapa es el comienzo de otra y que, al fin y al cabo, son experiencias que nos hacen evolucionar como personas.

Pero, como dijimos al principio, no todas las canciones son tan nihilistas como parecen. El rayo de luz entre las tinieblas del que hablábamos se aprecia a la perfección en temas como Sunlight, To noise making o Movement, tres piezas que son un grito de alegría por la música, por el baile y, en definitiva, por la vida.

En cuanto a la música, el disco es un cajón de sastre donde podemos encontrar multitud de estilos diferentes que se compaginan entre sí a la perfección. El folk irlandés, el indie-rock y el blues son los hilos conductores de la mayoría de las piezas, pero Hozier ha sabido introducir elementos de R&B, Gospel, Soul y Pop sin crear disonancias entre ellos. Tiene cuatro baladas acústicas intercaladas con las canciones más emocionantes y animadas, lo que convierte al álbum en una montaña rusa emocional, algo que el artista claramente usará a su favor en la gira que dará comienzo este mismo año.

En resumen, creo que este disco de Hozier le ha dado un vuelco a su carrera musical no sólo por su complejidad tanto en las letras como en la música sino también por lo que transmite. Para mí es, sin duda, su trabajo estrella hasta ahora.

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