[REVIEW] ‘Sucker Punch’, el nuevo disco de Sigrid que viene pisando fuerte

69

Desde su salto a la fama en 2017 con el single Don´t Kill My Vibe el prestigio de Sigrid no ha hecho más que crecer, hasta el punto de ser pintada como una de las artistas pop más prometedoras del momento. En 2018 ganó el premio de la BBC al “sonido del año” y, además, recibió un Disco de Oro con su single Strangers, que llegó a ser número uno en Reino Unido, quedando por delante de músicos como Ed Sheeran o Eminem. El talento de la joven noruega es irreprochable y nos lo ha dejado bien claro con el disco que lanzó el 8 de marzo de este año: Sucker Punch.

Hacía mucho tiempo que no me entraban ganas de bailar hasta el desgaste con un disco pop. Tengo que admitir que no es ni de lejos mi género musical favorito, pero Sigrid ha desmontado mis esquemas y me ha enganchado por completo; a pesar de que las bases de las canciones son bastante sencillas, la artista consigue darles a todas un brochazo de originalidad, haciendo que cada una de ellas pase a ser una pieza del puzzle tan completo que es el álbum. Sin embargo, para mí lo más destacable de la música de Sigrid son, sin lugar a dudas, sus letras. Con un estilo alegre y desenfadado, la joven noruega habla de temas cotidianos pero vitales que nos conciernen a todos, aprovechando la universalidad del pop para lanzar una crítica mordaz hacia el machismo que ha sufrido dentro de la industria musical.

Sigrid recibió en su día una oleada inmensa de objeciones por la deriva que había decidido tomar en su carrera profesional: se alejó de las productoras dominadas por hombres que no la tomaban en serio y se propuso ser fiel a sí misma y a sus ideales. Dejó de maquillarse, de promocionarse como antes y comenzó a crear piezas que realmente representaban su filosofía de vida, la filosofía de “soy así y si no os gusta os jodéis”.

El álbum, construido en torno a esta filosofía, contiene dos temas que son críticas directas a la industria musical; en Business Dinners nos queda claro desde la primera línea que sucumbir a la dictadura de la imagen dentro de la industria en la que trabaja no está dentro de los planes de la joven. Con frases como “Oh, you just want me to be sweeter, better, angel (…) pictures, numbers, figures, deeper, smarter” pone sobre la mesa los cánones a los que se ven sometidas muchas cantantes dentro del mundo de la música y cómo pretende rebelarse contra eso tratando de ser ella misma (“And I’ll just try to be me”).

Con Don’t kill my vibe quiso denunciar la infravaloración que sufrió trabajando con ciertas discográficas (“You shut me down, you like the control, you speak to me like I’m a child”) justo antes de lanzarse a trabajar en solitario, todo ello con melodías optimistas que invitan a mover el esqueleto.

Sin embargo, es en canciones que hablan sobre cuestiones mucho más cotidianas donde vemos con claridad la humanidad, la vitalidad y la rebeldía de la artista. Muchos de sus temas hablan sobre el amor desde una perspectiva sana y paciente, invitándonos a dejar que las relaciones florezcan sin forzarlas y a sentir la vorágine de emociones que el enamoramiento trae consigo, algo que se aprecia a la perfección en Strangers, Mine right now o Basic.

Creo que el álbum está muy bien cohesionado y equilibrado; mezcla baladas como Dynamite con temas más noventeros como Don’t feel like crying sin disonancias, creando un ambiente súper animado para bailar en cualquier lugar.

La única pega que podría ponerle a Sigrid no es con respecto a su música sino a su imagen. Quiero dejar claro que todo esto es una mera opinión y para nada trata de ser una verdad absoluta, pero, teniendo en cuenta el trasfondo político tan feminista que tiene el disco, me parecía algo necesario de comentar.

Desde que la artista comenzó a trabajar por su cuenta siempre ha intentado, como he dicho antes, ser ella misma y reflejar su personalidad tanto en sus canciones como en la imagen que transmite a sus fans. Se dice, y ella también lo admite, que no es un producto más de la industria musical sino que es diferente, completamente libre. Sin embargo, tengo la sensación de que Sigrid ha caído en su propia trampa puesto que, al final y sin ella quererlo, su filosofía ha sido usada como herramienta de marketing. Me explico: el auge de la popularidad del feminismo en los últimos años ha hecho que luchar por la emancipación de las mujeres se ha puesto “de moda”. Este hecho en sí mismo no es negativo sino todo lo contrario; cuanta más gente haya luchando por nuestros derechos, mejor. El problema surge cuando el sistema se aprovecha de esto y utiliza un movimiento que tendría que ser disruptivo a su favor, convirtiéndolo así en un producto de consumo y eliminando por completo su carácter “rebelde”. Muy a mi pesar, esto es lo que ha pasado con la artista noruega; ha querido rechazar la cosificación de las mujeres y reivindicar su libertad pero, haciendo esto, ha dejado que la industria utilice ese pensamiento tan positivo para venderla, convirtiéndola así lo que ella se ha negado a ser: un producto dentro de la música.

A pesar de esto, creo que Sigrid es una artista con un talento inconmensurable y que con esa voz tan viva, ese optimismo y esas ganas de luchar por lo que es justo va a triunfar en el mundo del pop de forma inminente.

Related Post

· · · · · · ·


Related Articles & Comments

Menu Title